domingo, 4 de enero de 2015

Pesadillas; Cap I

Me despierto. Como siempre es de noche. Estoy de pie en mitad de un enorme descampado cuadrado. Miro a mi alrededor. Estoy completamente a solas y no recuerdo como llegue aquí o que debo hacer, así que comienzo a caminar.
Cada vez que pongo un pie delante de otro debo apartar: latas, de coca cola y cerveza barata en su mayoría, papeles arrugados, bolsas de plástico brillante y colorista, jeringuillas(la mayoría usadas o rotas), cartones de vino, cristales hechos añicos, una vieja radio que hace mucho tiempo que debió dejar de sonar, condones a millares(utilizados también como indica el sonido acuoso que se produce al pisar uno) zapatos desparejados, porno desechado de todo tipo, toda clase de inmundicias y restos de comida.

El perímetro de este vertedero accidental esta rodeado de altas luces brillantes y potentes de modo que mi sombra se abre a mis pies como una hermosa flor nocturna. La miro con fascinación unos segundos. Luego el recuerdo de un encierro ligado para siempre a unas luces como estas afloran entre la bruma de mi cabeza, cayendo encima mío como una ducha de agua fría.

Entonces llega un suave soplido de instinto.
Luego la certeza.
Después los escalofríos y siento una gota de sudor frío deslizarse helada por mi espalda.
Mas tarde llegara el pánico, irracional y puro, que me paralizara toda voluntad o pensamiento.
Probablemente.
Pero todavía no.
De momento solo siento la urgencia. Y comienzo a correr.

Mi flor oscura me acompaña a toda velocidad. Durante un segundo me asalta la idea, de que mis zapatillas que son de lona y de mala calidad, podrían romperse y dejar mis pies tímidos y desnudos, lo cual con este suelo, no deber ser precisamente muy agradable.
Este suelo...
Me detengo en este pensamiento durante un destello, hasta que soy consciente de su estupidez, dado que no pienso detenerme y sigo corriendo.

Entonces, a través del silencio, llega un sonido. Como a roto. Lleno mis pulmones de aire y me esfuerzo por avanzar todavía más rápido. Los limites de este solar parecen estar cada vez mas lejos y la línea en la distancia que marca el principio de la calle salvadora comienza a verse borrosa y se desdibuja en mi mirada acuosa.

Siento la sangre golpeando contra mis sienes, como se acumula tras mis mejillas, que arden.
Mis piernas avanzan por inercia, sin detenerse, pero su ritmo se ralentiza poco a poco. Seguir manteniendo esta velocidad cada vez resulta más penoso.
La boca seca.
La traquea seca.
¡Hasta los pulmones secos!
Cada bocanada quema y huele a basura.
Siento cada vez con mas intensidad unas punzadas de dolor en el costado que tampoco me ayudan.
Finalmente sucede.
En realidad ya lo esperaba.

Una pinchazo en los pulmones como un directo al plexo solar me obliga a expulsar todo el aire de golpe, y no consigo inhalar de nuevo. Mi visión se oscurece, mientras me derrumbo sobre el suelo.
Este suelo...
Todo se esfuma.
Entonces me despierto.